Carmelita descalzo dos veces desterrado, ermitaño y fundador, condenado por una falsa acusación de incitar a la huelga.
Nacido cerca de Lérida, Francisco Palau ingresó en los carmelitas descalzos, cuyo convento de Barcelona ardió en 1835; fue ordenado sacerdote al año siguiente y ejerció en las diócesis catalanas. No se exilió hasta 1840, a Perpiñán y luego a Montauban, y allí permaneció once años, varios de ellos como ermitaño. De vuelta al país, abrió en Barcelona una escuela de catecismo tan concurrida que inquietó a las autoridades: acusada de haber sublevado a los obreros, fue cerrada en 1854 y él fue desterrado seis años a Ibiza, donde escribió su obra espiritual. Liberado en 1860, fundó al año siguiente en Ciutadella de Menorca las carmelitas de las que saldrán los institutos misioneros. Beatificado en 1988, es de aquellos cuyo destierro produjo los libros.