Jesuita brabanzón muerto a los veintidós años, canonizado por hacer perfectamente las cosas ordinarias.
Hijo de un zapatero de Diest, Juan Berchmans ingresó en los jesuitas a los diecisiete años y fue a proseguir sus estudios a Roma, adonde llegó a pie desde Amberes. No tiene visiones, ni fundación, ni martirio: la tradición le atribuye esta máxima — «mi mayor penitencia es la vida común» — que lo dice todo de su santidad, la cual consiste en hacer exacta y alegremente lo que la regla pide. A comienzos de agosto de 1621 tomó parte en una disputa de filosofía en el Colegio Griego, contrajo allí la fiebre y murió una semana más tarde en la enfermería, el 13 de agosto, a los veintidós años, apretando su crucifijo, su rosario y su libro de reglas. Canonizado en 1888, es con Luis Gonzaga y Estanislao de Kostka uno de los tres patronos jesuitas de la juventud.