Poetisa, alcaldesa, dos veces casada, monja a condición de no vivir en clausura.
Isabel Pilenko, nacida en Riga en 1891, perdió a su padre a los quince años y con él la fe. Fue poetisa de la Edad de Plata, la primera mujer admitida en los cursos de la academia de teología de San Petersburgo, socialista revolucionaria y alcaldesa de Anapa en 1918 —juzgada por bolchevismo por el Ejército Blanco, absuelta, se casó con su juez—. El exilio la llevó por Georgia y Constantinopla hasta París en 1923. La muerte de su hija Anastasia, en 1926, la devolvió a Dios. En 1932 el metropolita Eulogio le dio el hábito y el nombre de María, con una condición que ella misma había puesto: no vivir en clausura. Abrió un hogar, instalado desde 1935 en el 77 de la rue de Lourmel, donde acogió a mujeres solas, sin techo, enfermas. Bajo la Ocupación la casa se hizo refugio: allí se escondía a judíos, el capellán expedía falsos certificados de bautismo, y ella sacó a tres niños del Velódromo de Invierno en julio de 1942. Detenida en febrero de 1943 y deportada a Ravensbrück, murió allí en la cámara de gas el 31 de marzo de 1945, el Sábado Santo del calendario occidental, un mes justo antes de la liberación del campo. La tradición cuenta que ocupó el lugar de otra deportada; sus editores tienen el hecho por no establecido. Yad Vashem la reconoció Justa entre las Naciones en 1985, y el Patriarcado Ecuménico la canonizó en 2004.
Monja ortodoxa de hábito negro, con una cruz en la mano; la iconografía data de su glorificación en 2004, nada tiene de antigua.