Primer discípulo de san Benito en Subiaco, a quien la tradición hizo portador de la regla benedictina en la Galia.
Los Diálogos de san Gregorio Magno hacen de Mauro el discípulo predilecto de Benito de Nursia, confiado siendo niño al monasterio de Subiaco y criado en su escuela. Allí Benito lo envía a salvar al joven Plácido caído en el lago, y él camina sobre el agua sin darse cuenta — la escena más repetida de la iconografía benedictina. Solo más tarde lo llama Benito a Montecasino. Una tradición posterior, formada en Glanfeuil, lo hace pasar a la Galia para implantar allí la regla: los bolandistas tienen por falsificación del siglo IX la Vida que la transmite, aunque Mabillon la defendiera. El nombre de Mauro sigue unido a la difusión del monacato benedictino en Occidente.