Sirvienta en la misma casa durante cuarenta y ocho años, y santa por aclamación del pueblo llano de Lucca.
Hija de campesinos pobres de Monsagrati, fue colocada a los doce años como criada en casa de los Fatinelli, mercaderes de seda de Lucca, y ya no salió de allí: cuarenta y ocho años en la misma casa. Los comienzos fueron duros: los amos la maltrataban, los demás criados tomaban su piedad por afectación y se lo hacían pagar. Ella no respondió nada, y acabó gobernando toda la casa. Se levantaba antes del alba para la misa antes del trabajo, ayunaba para dar su parte a los pobres, cedía su cama a los sin techo; su señora llegó a confiarle las limosnas de la familia y la visita de los enfermos. Murió el 27 de abril, y su santidad se decretó desde abajo: fue el pueblo llano de Lucca quien la invocó primero. Una generación después, Dante llamaba ya a los magistrados de la ciudad «los ancianos de santa Zita». Su culto llegó a Inglaterra, donde la llamaban Sitha y se la invocaba para encontrar las llaves perdidas. León X autorizó un culto litúrgico a principios del siglo XVI, Inocencio XII la canonizó en 1696, Benedicto XIV inscribió su nombre en el Martirologio romano en 1748, y Pío XII la dio en 1955 por patrona a los empleados del hogar. Su cuerpo se expone en la basílica de San Frediano de Lucca.
Criada de hábito sencillo, manojo de llaves al cinto, jarra de agua y panes; a veces flores en el delantal, tradición tardía.