Una santa de un solo lugar: una aldea suaba de treinta y cinco almas, y la capilla nacida de una gruta.
Se la venera en Wenglingen, aldea de la Suabia bávara encaramada a setecientos sesenta metros, en la diócesis de Augsburgo, y en ningún otro lugar del mundo. La tradición la hace una joven retirada en los bosques; un viejo catálogo manuscrito la designa con una sola palabra, silvicola, la que habita la selva, y la dice coronada por el martirio. La capilla que la alberga nació de una gruta: de ella había salido una primera construcción, mencionada ya en 1679, y bajo el revoque se han hallado los arcos apuntados de ventanas anteriores a 1500. El edificio actual es de 1700-1706. Hacia 1730 el párroco de Apfeltrang, un tal Kögel, pintó allí el retablo que fijó su imagen: una figura rodeada de rayos, la palma en una mano, un cestillo de rosas en la otra —el nombre pedía la flor— y la espada del martirio depositada a sus pies. La erudición del siglo XIX observó que de ese cuadro, y no de un texto, procede cuanto se cree saber de su muerte. Sus huesos fueron largo tiempo meta de peregrinación; hoy apenas vienen de más allá de los pueblos vecinos. La aldea, en cambio, la conserva: se dice una aldea que tiene su propia santa.
Joven en una gloria de rayos, palma en una mano, cestillo de rosas en la otra, espada a sus pies — retablo de hacia 1730. La capilla de 1679 la mostraba de otro modo: virgen mártir con lirio, palma y espada — el lirio es el mayor de sus atributos, las rosas vinieron con el nombre.