Obispo que recorrió su diócesis hasta no poder andar, y cuya tumba está cubierta de zapatos de niño.
Monje venido de Irlanda, entró en la abadía de Sithiu, la futura Saint-Bertin, de la que fue abad, y luego obispo de Thérouanne hacia 720. Su diócesis cubría buena parte de la Flandes marítima, entonces poco cristianizada y de difícil acceso entre marismas y dunas; la recorrió a pie durante veinte años, hasta perder el uso de las piernas y haber de hacerse llevar. Es ese detalle, más que su cargo, el que le ha sobrevivido. Los peregrinos depositaban desde antiguo sus zapatos gastados sobre su sarcófago; hoy son los padres cuyos hijos tardan en andar quienes dejan allí un par de zapatitos, en la catedral de Saint-Omer. La costumbre no ha cesado: la losa está cubierta todo el año, y los zapatos son de todas las edades y de todas las modas.
Obispo apoyado en dos bastones o llevado por sus clérigos; su sarcófago, cargado de zapatitos.