Entró en el monasterio disfrazada de muchacho, fue acusada de un hijo que no había tenido, calló y lo crió.
Al quedarse sola con su padre, Marina lo siguió al monasterio con el nombre de Marino, en hábito de hombre, y nadie vio allí a una mujer. La hija de un posadero, encinta, la acusó de ser el padre de su hijo. Marina no se defendió: expulsada, vivió a la puerta del monasterio y allí crió al niño, y luego fue readmitida como siervo. Solo se supo quién era al lavar su cuerpo para sepultarlo. El relato es una vida hagiográfica, y no un testimonio; las tradiciones no coinciden en los lugares. El sinaxario bizantino la hace nacer en Bitinia y la sitúa en un monasterio cerca de Alejandría, donde la celebra el 12 de febrero; los maronitas la dicen de Qannubin, en el valle santo del Líbano. La Leyenda dorada, que la dio a conocer a Occidente, no nombra lugar alguno. Hasta su siglo es incierto: la Vida parece compuesta entre 525 y 650, la crítica la sitúa en el siglo V, y la tradición recibida en el VIII. Se la celebra el 18 de junio, entre los coptos el 15 de Mesra, y en Venecia el 17 de julio, día de la traslación de sus reliquias. No se la confundirá con Margarita de Antioquía, a quien Oriente llama también Marina y celebra ese mismo 17 de julio.