Mujer de Zebedeo y madre de Santiago y Juan, presente en el Calvario y ante el sepulcro vacío.
Los evangelios la muestran tres veces. Primero pidiendo a Cristo que sus dos hijos se sienten a su derecha y a su izquierda en su reino — la petición de una madre, a la que él responde hablando del cáliz que habrá que beber. Luego en el Calvario, entre las mujeres que, dice Marcos, miraban de lejos, cuando los apóstoles habían huido. Por fin la mañana de Pascua, llevando los aromas al sepulcro: eso es lo que le vale su título griego de mirófora, portadora de perfumes, y el rango de testigo de la Resurrección. El Martirologio romano la conmemora el 24 de abril con María de Cleofás; el Oriente la festeja el 3 de agosto y el domingo de las Miróforas.