La mujer del pozo de Jacob, que la tradición de Oriente llama Fotina y venera como igual a los apóstoles.
El evangelio de Juan le dedica el diálogo más largo que Cristo haya tenido con nadie: una mujer samaritana, casada cinco veces, venida a sacar agua a mediodía para evitar a las demás mujeres, a quien anuncia el agua viva y luego se declara Mesías. Deja su cántaro y corre a avisar a la ciudad, lo que hace de ella la primera anunciadora fuera de Israel. El Oriente cristiano le dio un nombre — Fotina, «la luminosa» —, una familia y una pasión: habría ido a predicar a Cartago y luego a Roma, donde Nerón la habría hecho arrojar a un pozo. Las Iglesias bizantinas la celebran como isoapóstol, igual a los apóstoles.