Oficiales romanos de Siria, martirizados bajo Maximiano, entre los santos militares más venerados de Oriente.
Sergio y Baco servían en la guardia imperial cuando se descubrió que eran cristianos: para humillarlos, los hicieron desfilar con vestidos de mujer por la ciudad. Baco murió a golpes en Barbaliso; Sergio fue llevado a Rusafa y decapitado. Su santuario de Rusafa, en pleno desierto sirio, llegó a ser una de las mayores peregrinaciones del Oriente cristiano, hasta el punto de que la ciudad tomó el nombre de Sergiópolis. Su pasión, que insiste en que eran inseparables, hizo de ellos los patronos de la amistad y de los soldados.