Alto funcionario hecho patriarca, presidió el concilio que restableció el culto de las imágenes.
Secretario de Estado de la emperatriz Irene, Tarasio era laico cuando lo elevaron al patriarcado de Constantinopla en 784. Solo aceptó con una condición: la reunión de un concilio que zanjara la querella de las imágenes, que desgarraba el Imperio desde hacía medio siglo. Fue el segundo concilio de Nicea, en 787, el que restableció la veneración de los iconos distinguiendo el honor rendido a la imagen de la adoración debida solo a Dios. Patriarca durante veintidós años, defendió después a los pobres con la misma firmeza con que había defendido las imágenes.