Obispo de Metz a los catorce años y cardenal a los dieciséis, muerto a los diecisiete, símbolo del ascetismo aristocrático del Gran Cisma.
Hijo del conde de Saint-Pol, huérfano de padre a los dos años y de madre a los ocho, Pedro fue cargado de dignidades que su edad hacía escandalosas incluso en su tiempo: obispo de Metz a los catorce años, cardenal a los dieciséis por el papa de Aviñón Clemente VII. Respondió a ellas con una austeridad extrema — cilicio, ayunos, confesiones diarias — y con el cuidado de los enfermos y de los presos. Murió de consunción el 2 de julio de 1387, dieciocho días antes de cumplir dieciocho años, en Villeneuve-lès-Avignon. Su tumba atrajo tal muchedumbre que su beatificación se pidió ya al año siguiente; no llegó hasta 1527.