Noble y apasionado cazador del siglo VII, se convirtió tras tener la visión de un ciervo que llevaba un crucifijo entre sus astas. Es el santo patrón de los cazadores.
Nacido alrededor del 656 en Aquitania, Huberto fue un noble y cazador apasionado. Según la leyenda hagiográfica, durante una cacería el Viernes Santo, se encontró con un ciervo que llevaba un crucifijo luminoso entre sus astas, lo que provocó su conversión radical. Se convirtió en discípulo de San Lamberto, obispo de Maastricht. Tras el martirio de Lamberto, Huberto le sucedió como obispo de Tongeren-Maastricht alrededor del 705-706. Trabajó incansablemente en la evangelización de las regiones paganas de las Ardenas y Brabante, destruyendo ídolos y construyendo iglesias. También es famoso por haber trasladado hacia el 717-720 las reliquias de san Lamberto de Maastricht a Lieja, donde levantó una iglesia en el lugar del martirio y donde él mismo fue enterrado tras su muerte en 727. Sus reliquias fueron posteriormente trasladadas en 825 a la abadía de Andage, que fue rebautizada como Saint-Hubert en las Ardenas.