Este obispo de gran corazón de Asia Menor era conocido por sus regalos secretos, inspirando a un famoso personaje festivo.
Obispo de Mira, en Licia, Nicolás vivió en el siglo IV y fue encarcelado bajo la persecución de Diocleciano antes de que Constantino devolviera la paz a la Iglesia; la tradición lo sienta en el concilio de Nicea en 325. De su vida solo quedan relatos, pero son tenaces. El más antiguo cuenta que, al saber que un padre arruinado iba a entregar a sus tres hijas a la prostitución por falta de dote, arrojó por la ventana, tres noches seguidas, una bolsa de oro —de ahí las tres bolas doradas de su iconografía y la costumbre de los regalos dejados en secreto—. Otra leyenda, nacida mucho después en Lorena, lo muestra resucitando a tres niños que un carnicero había puesto en salazón. Patrón de los marineros, los niños, los comerciantes y Rusia, lo fue también de los viajeros y los presos. En 1087, unos mercaderes de Bari arrebataron sus reliquias a los turcos para llevarlas a Italia, donde aún reposan. Su fiesta, el 6 de diciembre, dio por vía de los Países Bajos —Sinterklaas— la figura de Papá Noel.