Mártir cristiana de los primeros tiempos. Su leyenda dice que fue encerrada en una torre por su padre. Se le invoca contra los rayos y el fuego.
Santa Bárbara es una de los catorce Santos Auxiliadores, venerada como virgen y mártir de los primeros siglos cristianos. Su historicidad es débil, y los relatos de su vida provienen principalmente de leyendas populares y textos apócrifos como la Leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine. Según estos relatos, Bárbara era una joven de gran belleza, hija de Dióscoro, un rico pagano de Nicomedia (o Heliópolis en Egipto, según las versiones). Para protegerla del mundo exterior y de los pretendientes, su padre la habría encerrado en una torre con tres ventanas. Durante su encierro, Bárbara se habría convertido secretamente al cristianismo. Se dice que pidió a su arquitecto que añadiera una tercera ventana a su torre en honor a la Santísima Trinidad, o que hizo grabar una cruz. Cuando su padre descubrió su fe, la entregó a las autoridades romanas. Bárbara fue sometida a terribles torturas, pero permaneció inquebrantable en su fe. Finalmente, su propio padre, Dióscoro, la decapitó. Inmediatamente después de su acto, Dióscoro fue alcanzado por un rayo y consumido. Este detalle contribuyó a hacer de santa Bárbara la patrona de todos aquellos expuestos al peligro de muerte súbita, especialmente por fuego, rayos y explosiones. Es, por tanto, la patrona de los mineros, artilleros, bomberos, zapadores, arquitectos y profesiones relacionadas con la ingeniería civil y los explosivos. Su fiesta se celebra el 4 de diciembre.
Reconocible por su torre y un copón coronado por una hostia, invocada contra el rayo y la muerte súbita