Se negó a ceder un castillo y unas rentas, y murió de su prisión.
Canónigo premonstratense, era camarero del cabildo de Ratzeburgo cuando lo eligieron obispo en 1236. Conservó su regla bajo la mitra y se la impuso a sus canónigos, confirmó al año siguiente el monasterio de mujeres de Rehna y vivió con modestia. Su sede dependía directamente del Imperio, y Federico II acababa de confirmarla en esa inmediatez; el duque Alberto I de Sajonia reclamó no obstante la abogacía de la tierra de Boitin, el castillo de Farchau y las rentas de los súbditos de la Iglesia. Ludolfo se negó. El conflicto se agrió desde 1247: fue encarcelado y maltratado —la leyenda nombra incluso al caballero de Lübeck encargado de la tarea, un tal Erikin de Nemore—. Liberado, agotado, huyó junto a Juan I de Mecklemburgo, que lo alojó en el convento de los franciscanos de Wismar. Allí murió el 29 de marzo de 1250 a consecuencia de su cautiverio: por eso, y no por una ejecución, se le tiene por mártir de la libertad de la Iglesia. Su causa se abrió en 1340 y estaba canonizado antes de 1384; Benedicto XIII reconoció su culto para la orden premonstratense el 12 de abril de 1728. En 2021, un detector de metales sacó a la luz, en el Klützer Winkel, la matriz de bronce de su sello: el primer sello episcopal exhumado por la arqueología en Alemania.
Obispo con el hábito blanco premonstratense, mitra y cadenas; a veces curando a un herido con una flecha en la cabeza.