Hombre del papa en la Galia, y tres veces reprendido por ese mismo papa.
Monje y luego abad de San Sinforiano de Autún —cuanto de él dice Gregorio de Tours—, llegó a ser en 588 arzobispo de Arlés con el apoyo de Siagrio. Una Vita tardía lo hace venir de Lérins, pero calca la Vida de san Máximo de Riez y no vale nada. Gregorio Magno le confirmó las prerrogativas de sus predecesores y lo nombró, el 1 de agosto de 595, vicario apostólico de la Santa Sede para las Galias: fue desde entonces el intermediario entre Roma y los obispos francos. Con ese título acogió en Arlés, en 596, a Agustín y sus monjes camino de Inglaterra, y muy probablemente fue él quien consagró a Agustín obispo de los anglos al año siguiente. El mismo papa le escribió tres veces para reprenderlo: en 591 porque empujaba a la conversión forzada de los judíos refugiados en Provenza —Gregorio le recordó que las almas se ganan predicando y no por coacción—; en 596 sobre su gestión de los bienes de la Iglesia, que puso bajo el control del obispo de Aix; en 599 por no haber impedido el matrimonio forzado de una religiosa. Salió disminuido. En Arlés hizo reconstruir la basílica de San Esteban y levantar una iglesia del Salvador. Murió el 1 de octubre de 610, o hacia 618 según el Martirologio romano.
Arzobispo con mitra y palio; a veces representado imponiendo las manos a Agustín de Canterbury.