Cuarenta soldados dejados desnudos sobre un estanque helado, y el guardia que ocupó el lugar del único que cedió.
Eran cuarenta soldados de la duodécima legión, la Fulminata, de guarnición en Melitene. El edicto de Milán había garantizado la libertad de culto en 313; Licinio, dueño de Oriente, dejó de aplicarlo y quiso obligar a sus tropas a sacrificar. Los cuarenta se declararon cristianos. En marzo de 320 los llevaron cerca de Sebaste, en Armenia Menor, y los expusieron desnudos sobre un estanque helado durante una noche de invierno, con baños calientes encendidos en la orilla para quien renegara. Uno solo se arrastró hasta ellos, y allí murió. Un guardia llamado Aglayo, que vigilaba en la orilla, vio una luz sobre los treinta y nueve restantes, se declaró cristiano y se desnudó para ocupar el sitio vacío: fueron cuarenta hasta el final. Por la mañana les quebraron las piernas, quemaron los cuerpos y arrojaron las cenizas al río, para que los cristianos no tuvieran nada de ellos. Basilio de Cesarea predicaba ya su fiesta cincuenta años después, Gregorio de Nisa les dedicó dos discursos, y la emperatriz Pulqueria hizo hallar sus reliquias en Constantinopla. Nos han llegado los cuarenta nombres, en listas que difieren de una recensión a otra; Viviano figura entre ellos.
Los cuarenta desnudos sobre el hielo, apretados unos contra otros, cuarenta coronas bajando del cielo; aparte, el edificio de los baños y el renegado. Tipo fijado desde los frescos del Foro romano, siglo VIII.