Codex Sanctorum El códice de los santos
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Justina de Arezzo

Reclusa emparedada, ciega veinte años, invocada por los ojos que había perdido.

Nacida en Arezzo hacia mediados del siglo XIII, entró en religión a los trece años contra la voluntad de sus padres, entre las benedictinas de San Marco. Cuatro años después pasaba al monasterio de Todos los Santos, y ese movimiento ya no se detuvo: buscando siempre más silencio, acabó dejando el claustro por una celda de ermitaña junto al castillo de Civitella, en el Val di Chiana, donde vivía ya una reclusa llamada Lucía. La asistió hasta su muerte y se quedó sola. Hacia los treinta y cinco años su vista flaqueó y luego se apagó del todo: pasó ciega los veinte últimos años de su vida. Eso fue lo que la devolvió a la ciudad, no para curarse sino para hacerse emparedar de nuevo, junto al monasterio de Sant'Antonio primero; luego, en 1316, fue elegida con cuatro compañeras para abrir en la ciudad un monasterio nuevo, llamado Le Murate, junto a la iglesia de Santa Maria del Ponte. De ahí le vino la fama: acudían a pedirle la curación de los ojos, aquellos mismos que ella había perdido. Murió el 12 de marzo de 1319. Poco después se escribió una Vida; León XIII confirmó su culto en 1891.

Patronazgo

Reconocer

Benedictina de velo negro con un libro; a veces un lirio, que se decía brotado solo sobre su tumba. No darle el puñal de Justina de Padua.

Fuentes

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