Obispo a quien el rey negó su sede durante dos años, y que la administró a pie.
Huérfano, levantó primero la granja familiar arruinada, luego estudió en Oxford, París y Bolonia y llegó a canciller de la universidad de Oxford. Elegido obispo de Chichester en 1244, chocó con Enrique III, que había impulsado a otro candidato y se negó a devolverle los bienes de la diócesis. Durante casi dos años Ricardo administró su iglesia sin rentas ni palacio: alojado en casa de un cura rural, visitaba sus parroquias a pie y vivía de lo que le daban. El rey acabó cediendo ante la amenaza de excomunión. Restituido, exigió a los sacerdotes que supieran su oficio, prohibió cobrar por los sacramentos y murió en Dover en 1253 mientras predicaba una cruzada. Canonizado en 1262, siguió siendo popular en Inglaterra por una oración que se le atribuye y que han aprendido generaciones de escolares.
Obispo con un cáliz volcado a sus pies, alusión a un cáliz que dejó caer sin derramar su contenido.