Primer obispo de Limoges, a quien toda una abadía quiso hacer pasar por apóstol.
Gregorio de Tours lo cuenta entre los siete obispos enviados de Roma a evangelizar la Galia hacia 250; se estableció en Limoges y allí murió. Todo lo demás es un caso de manual. En el siglo XI, el monje Adémar de Chabannes fabricó para la abadía de Saint-Martial una segunda biografía que lo hacía discípulo directo de Cristo, presente en la Cena y enviado por Pedro: una Vida apócrifa acompañada de falsificaciones, que valió a la abadía privilegios y rango de apostolicidad. El concilio de Limoges de 1031 sancionó la tesis; la erudición moderna la ha deshecho. Lo que queda tras la criba es un evangelizador del siglo III y un culto considerable: las ostensiones septenales de Limoges, donde sus reliquias salen cada siete años, constan desde 994 y siguen celebrándose.
Obispo que bendice, a menudo con una arqueta relicario; la imaginería lemosina lo esmalta sobre cobre, especialidad de la ciudad.