Apresado en Roma por un emperador, juzgado por traición y deportado a Crimea, es el último papa muerto mártir.
Elegido en 649 sin esperar el consentimiento de Constantinopla, reunió enseguida un concilio en Letrán que condenó el monotelismo —la doctrina sostenida por el emperador Constante II, según la cual Cristo tendría una sola voluntad— y rechazó el decreto imperial que prohibía debatirlo. La respuesta tardó, pero no faltó: en 653 el exarca de Rávena hizo apresar al papa enfermo en la basílica de Letrán y lo llevó a Constantinopla. Juzgado por traición más que por herejía, despojado de sus vestiduras y expuesto al público, fue condenado a muerte y luego indultado por intercesión del patriarca moribundo. Deportado a Quersoneso, en Crimea, murió allí en 656 de hambre y malos tratos, quejándose en sus cartas de haber sido olvidado por la Iglesia romana, que ya le había dado sucesor. Es el último obispo de Roma venerado como mártir. Se le celebra el 13 de abril.
Representado como papa, a veces encadenado o con la palma del martirio, único atributo que lo distingue de sus predecesores.