Elegido a los setenta y siete años para ser un papa de transición, convocó un concilio que cambió el rostro de su Iglesia.
Angelo Roncalli nació en 1881 en una familia de aparceros de Bérgamo, cuarto de trece hijos. Capellán militar en la Primera Guerra Mundial, luego diplomático de la Santa Sede en Bulgaria, Turquía y Grecia, se valió de su posición en Estambul para hacer expedir documentos a judíos que huían de la persecución. Nuncio en París tras la Liberación, desactivó la crisis de los obispos acusados de colaboración. Patriarca de Venecia, fue elegido papa en 1958, a los setenta y siete años: se esperaba de él un interinato. Tres meses después anunció la convocatoria de un concilio ecuménico, el primero desde 1870. El Vaticano II se abrió en 1962 y reabrió casi todas las cuestiones que la Iglesia había dado por cerradas. Su encíclica Pacem in terris, en plena crisis de los misiles, se dirigió por primera vez a «todos los hombres de buena voluntad» y no solo a los católicos. Murió en junio de 1963, entre dos sesiones del concilio. Canonizado en 2014, se le celebra el 11 de octubre, día de la apertura del Vaticano II.
Representado con sotana blanca, corpulento y sonriente, a veces con el camauro rojo cuyo uso había recuperado.