Jesuita japonés crucificado con otros veinticinco en una colina de Nagasaki, predicó desde su cruz.
Nacido hacia 1564 en una familia japonesa acomodada, hijo de un jefe militar converso, entró en la Compañía de Jesús y fue predicador, célebre por su dominio de la lengua y su conocimiento del budismo, que oponía a sus contradictores. En 1597 el regente Toyotomi Hideyoshi, inquieto por la influencia extranjera, hizo arrestar a veintiséis cristianos: seis franciscanos llegados de Europa y de Filipinas, tres jesuitas japoneses entre ellos Pablo Miki, y diecisiete laicos, tres de ellos niños. Mutilados de una oreja, fueron conducidos a pie de Kioto a Nagasaki, unos ochocientos kilómetros en pleno invierno, para que el trayecto sirviera de advertencia. El 5 de febrero de 1597 fueron atados a cruces en la colina de Nishizaka y traspasados con lanzas. Los testigos refieren que Pablo Miki predicó desde su cruz y perdonó a sus verdugos. Canonizados en 1862, se les celebra el 6 de febrero.
Representado atado a una cruz entre otros veinticinco, con el hábito negro de jesuita, en la colina de Nagasaki.