Monje del siglo V, fundó en Constantinopla una orden monástica famosa por su práctica de la oración perpetua, en la que coros de monjes se turnaban día y noche.
San Alejandro el Acemeta, nacido en una noble familia de Asia Menor, sirvió inicialmente como soldado antes de renunciar al mundo por la vida monástica. Tras años de ascetismo y la fundación de varias comunidades en Mesopotamia, se estableció cerca de Constantinopla. Allí, organizó a sus monjes en «Acemetas» (del griego 'akoimētoi', «los que no duermen»), estableciendo relevos para que la oración y la alabanza de Dios fueran continuas, día y noche. Esta práctica tuvo una influencia significativa en el monacato oriental.