Sobrina y discípula de una gran santa fundadora del siglo XIII, dejó una vida de lujo para unirse a su tía en un monasterio que vivía en la más radical pobreza.
Santa Amada (o Amata en latín) era la sobrina de santa Clara de Asís y una de las primeras mujeres en unirse a su monasterio en San Damián, siguiendo así el ejemplo de pobreza y vida contemplativa de las Damas Pobres. Sufría de graves enfermedades, incluyendo hidropesía, fiebre y dolores de muelas, de las que fue total y milagrosamente curada por la intercesión de santa Clara, quien la hizo signar con la cruz y besar su cruz. Falleció hacia 1252, fiel a su vocación monástica, marcando así una vida de devoción y sencillez dentro de la naciente orden franciscana.