Joven romano lapidado por negarse a entregar la eucaristía que llevaba a los presos, patrón de los monaguillos.
El papa Dámaso, un siglo después de los hechos, grabó su epitafio en las catacumbas de San Calixto, en la vía Apia: Tarsicio llevaba los santos misterios cuando una turba le exigió mostrarlos, y prefirió morir despedazado antes que entregar a los perros las cosas santas. Es todo cuanto dice la fuente más antigua — ni la edad, ni el oficio, ni el año. Una adición legendaria del siglo VI hizo de él un acólito muerto en 257, y la novela del cardenal Wiseman fijó en el siglo XIX la imagen del niño. Su culto cobró nuevo vigor con los congresos eucarísticos, y hoy es el patrón de los monaguillos.