Capuchino sardo que pidió limosna cuarenta años por las calles de Cagliari, tenido en vida por taumaturgo.
Hijo de campesinos pobres del Sarcidano, Ignacio ingresó en los capuchinos de Cagliari a los veinte años y recibió, a los cuarenta, el oficio de hermano limosnero — el mendigo del convento. Lo conservó cuatro décadas, recorriendo cada día las mismas calles, conocido por toda la ciudad y rechazando la limosna de las casas cuyo dinero sabía mal adquirido. Los cagliaritanos le atribuían curaciones en vida. Ciego al final, murió en 1781 y fue canonizado por Pío XII en 1951.