Capellán de emperatriz hecho monje de Cluny, escribió lo que se sabe de los usos cluniacenses.
Nacido en Ratisbona en 1029, ahijado del emperador Enrique III y criado en la corte, fue capellán de la emperatriz Inés y preboste del cabildo de Freising, carrera trazada que rompió a los treinta y dos años para entrar en Cluny bajo el abad Hugo. Allí prestó el servicio que más se le agradece: a petición de Guillermo de Hirsau redactó las Consuetudines Cluniacenses, descripción minuciosa de la vida cotidiana cluniacense —oficios, comidas, silencio, cuidado de los enfermos—. Sin ese texto se ignoraría cómo funcionaba en concreto la mayor orden monástica de Occidente. Enviado a fundar en la Selva Negra, estableció el priorato de Zell, quedó ciego hacia el final de su vida y allí murió en 1093. El lugar lleva hoy su nombre: St. Ulrich.
Monje benedictino escribiendo, a veces ciego con la mano guiada; una fuente a sus pies, como en el priorato de Zell.