Pastora impedida y maltratada, muerta a los veintidós años y canonizada dos siglos y medio después.
Nacida en 1579 en Pibrac, cerca de Toulouse, en una familia de campesinos pobres, vino al mundo con la mano derecha atrofiada y padecía escrófulas. Su madre murió siendo ella pequeña; su madrastra la apartó de la casa y la hizo dormir bajo la escalera y luego en el aprisco. Le confiaron el rebaño, que llevaba sola a los campos, y pasaba los días fuera, dejando sus animales para la misa diaria; la tradición asegura que ninguno se perdió jamás ni fue presa de los lobos, y fue ese prodigio lo que los vecinos advirtieron antes que la Iglesia. La tradición cuenta que compartía con los pobres el poco pan que tenía, y que un día de invierno, acusada de robarlo, su delantal abierto no dejó caer sino flores. Murió en 1601, a los veintidós años, hallada una mañana sobre su jergón. Su cuerpo, exhumado cuarenta años después con ocasión de unas obras en la iglesia, apareció intacto, y comenzaron las peregrinaciones. Pío IX la canonizó en 1867.
Como pastora con su cayado, un perro y algunas ovejas en torno; el delantal recogido y lleno de flores, y la mano derecha a menudo visible en su deformidad.