Esposa del duque Enrique el Barbudo, ejerció una gran influencia y un papel de regente. Reconocida por su caridad y austeridad, fundó y apoyó numerosos monasterios. Tras su muerte, su recuerdo de santidad inspiró un culto popular que llevó a su canonización.
Santa Eduviges de Silesia, nacida hacia 1174 en Andechs, Baviera, era hija del duque Bertoldo IV de Merania. Educada en el monasterio cisterciense de Kitzingen, se casó a los 12 años con Enrique I el Barbudo, duque de Silesia y Cracovia, con quien tuvo siete hijos. Es conocida sobre todo por su profunda piedad, su ascetismo personal (llevaba un cilicio y a menudo caminaba descalza incluso en invierno) y su caridad hacia los pobres, los enfermos y los prisioneros. Fundó numerosos hospitales y monasterios, incluido el famoso monasterio cisterciense de Trebnitz (hoy Trzebnica en Polonia) en 1202, donde fue enterrada. Tras la muerte de su esposo en 1238, se retiró a Trebnitz, llevando una vida casi monástica sin pronunciar votos formales. Sufrió la pérdida de su hijo, Enrique II el Piadoso, que cayó en combate contra los mongoles en 1241. Murió el 16 de octubre de 1243 y fue canonizada por el papa Clemente IV en 1267.