Mártir romana de la que nada se sabe, salvo que dio a Bernini su primera estatua de santa.
Su pasión, escrita tardíamente, la hace hija de mártires bajo Juliano el Apóstata: el padre desterrado y muerto, la madre decapitada, la hermana Demetria caída muerta de espanto, y Bibiana confiada a una mujer encargada de corromperla, que no lo logró. Atada a una columna y azotada a muerte con correas emplomadas, habría quedado dos días sin sepultura antes de que un sacerdote la enterrase. Los historiadores no retienen nada de este relato, pero la iglesia es bien real: existe desde el siglo V en el Esquilino. En 1624 Urbano VIII la hizo restaurar y confió la estatua de la titular a un escultor de veintiséis años, Gian Lorenzo Bernini: es su primera santa, la columna del martirio a su lado, y la pieza en que se ve nacer su manera.
Joven apoyada en una columna, con palma y azote; la hierba a sus pies que habría brotado sobre su tumba.