Mató a su hermana por una calumnia; ella lo perdonó al morir, y él pasó el resto de su vida en la abadía que fundó en penitencia.
Hijo de un señor de Léon, servía en la corte de Childeberto cuando una carta le avisó de que su hermana Haude, quedada en la casa solariega, se conducía mal: calumnia de la madrastra, dice la tradición. De regreso, la halló en oración y la decapitó de un espadazo sin decir palabra. La leyenda cuenta que Haude se levantó, tomó su cabeza y caminó hasta la casa solariega, donde perdonó a su hermano antes de morir; reposa en Kersaint, en Landunvez. Tanguy fue a arrojarse a los pies de Pablo Aureliano, obispo de Léon, que le dio por penitencia no la muerte sino una fundación: edificar un monasterio en el fin de la tierra. Levantó la abadía de Saint-Mathieu, en la punta del mismo nombre, frente al océano, y allí vivió de monje hasta su muerte. El relato es legendario de cabo a rabo; el monasterio, en cambio, existió, y sus ruinas dominan aún el mar.
Monje de hábito oscuro con una espada en el suelo; su hermana Haude a su lado, llevando su cabeza.