Teólogo laico que defendió a Agustín en vida y moderó su doctrina tras su muerte.
Nacido hacia 390 en Aquitania, casado, nunca ordenado, vivió en Marsella, en una región donde los monjes de Lérins y de San Víctor hallaban demasiado dura la doctrina agustiniana de la gracia. Próspero se hizo su abogado más obstinado: escribió al propio Agustín para advertirle de las objeciones y luego, tras su muerte en 430, defendió su memoria en Roma frente a Juan Casiano. El papa León Magno lo tomó por secretario, y se cree reconocer su pluma en ciertos textos pontificios. Con la edad suavizó él mismo las posiciones que había defendido, sobre todo en la predestinación, y formuló que Dios quiere la salvación de todos. Llevó además una crónica universal, fuente valiosa para el siglo V. Es uno de los pocos laicos que la Iglesia cuenta entre sus teólogos mayores.
Hombre en traje seglar, escribiendo; a veces junto a Agustín o a un papa, con la pluma en la mano.