Depuesto por un general, desterrado a un peñasco y muerto de hambre por no ceder a una emperatriz.
Hijo del papa Hormisdas —nacido antes de que este entrara en órdenes—, fue elegido en 536 bajo la presión del rey ostrogodo Teodato. Belisario recuperó Roma para Justiniano pocos meses después, y la emperatriz Teodora exigió a Silverio que restituyera al patriarca monofisita de Constantinopla depuesto por un concilio. Se negó. Se produjeron entonces cartas falsas acusándolo de querer entregar Roma a los godos; Belisario lo hizo degradar, vestir con hábito de monje y deportar. Vigilio, el hombre de Teodora, fue puesto en su lugar. Desterrado al islote de Palmarola, frente a Ponza, Silverio murió allí en 537, de privaciones según las fuentes antiguas. La Iglesia lo honra como mártir: no por la fe, sino por no haber cedido.
Papa con tiara y palma; a veces despojado de sus ornamentos, o sobre una roca rodeada de agua.