Dos inscripciones de catacumba, un malentendido sobre su nombre, y fue patrona de los reyes de Francia.
Es ante todo dos inscripciones de la catacumba de Domitila, en la vía Ardeatina: «Petronella mart.», pintada en una pared, y «Aureliae Petronillae filiae dulcissimae», grabada en un sarcófago. Lo demás es una construcción. Como su nombre se parecía al de Pedro, se la hizo hija suya: los Hechos apócrifos le atribuyeron una parálisis que el apóstol curaba y dejaba volver, para conservarla casta. En el siglo VIII sus reliquias fueron trasladadas junto a la basílica de San Pedro, a una capilla que los reyes de Francia hicieron suya: llegó a ser patrona de la «hija primogénita de la Iglesia», y allí oficiaban los embajadores franceses. Los historiadores hoy solo le conceden la inscripción. Queda lo que muestra: todo un culto levantado sobre un parecido de palabras.
Joven con una escoba o unas llaves —atributos domésticos—, a veces junto a san Pedro.