Viuda romana de la que nada se sabe, salvo la carta que Jerónimo escribió el día de su muerte.
Todo lo que de ella se conoce cabe en una carta de Jerónimo a Marcela, escrita en 384 al día siguiente de su muerte. Dice que era viuda, rica, y que dirigía en Roma una comunidad de mujeres consagradas; que dejó los vestidos de seda por un saco, tomó el último lugar entre sus compañeras, sirvió a las que la servían y se ocultó hasta el punto de que pocos supieron quién había sido. Jerónimo contrapone su entierro al de Vetio Agorio Pretextato, pagano y cónsul designado, muerto esa misma semana con gran pompa, y vuelve la pregunta: ¿cuál de los dos es hoy envidiable? Es un texto de retórica tanto como de duelo, y es la única fuente. De ella solo queda un retrato escrito por otro.
Mujer de vestido oscuro y velo, con un rollo o una carta; a veces una tela de seda abandonada a sus pies.