Hija de Brígida, pasó veintitrés años en Roma para sacar adelante la obra de su madre.
Cuarta de los ocho hijos de Brígida de Suecia, casada a los trece años con un noble mucho mayor que ella con quien vivió en continencia, se reunió con su madre en Roma en 1350 para el año santo y supo por el camino que era viuda. Se quedó. Durante veintitrés años acompañó a Brígida en sus peregrinaciones, en sus gestiones ante los papas y en su labor de escritura, sin ocupar nunca el primer lugar. A la muerte de su madre en 1373 llevó su cuerpo a Suecia a través de Europa, y luego se puso al frente del monasterio de Vadstena. Hubo de volver después a Roma y permanecer allí cinco años más para obtener dos cosas: la confirmación de la Orden del Santísimo Salvador y la apertura del proceso de canonización de Brígida. Logró ambas, y murió en 1381 sin ver la canonización, que llegó diez años después.
Religiosa con hábito brigidino, corona de lino blanco con cinco puntos rojos; a veces una cierva a su lado.