Legado escapado de un concilio impuesto por la fuerza, fue papa y dedicó su reinado a reparar sus efectos.
Archidiácono de Roma, fue enviado en 449 como legado de León Magno al concilio de Éfeso, donde se pretendía aprobar la doctrina de Eutiques. La sesión derivó en intimidación: los opositores fueron zarandeados, y el concilio pasó a la historia como el «latrocinio de Éfeso». Hilario se negó a firmar, gritó su oposición y hubo de huir de la ciudad escondiéndose, diciendo más tarde que debía la vida a la protección de san Juan Evangelista. Elegido papa en 461, gobernó seis años, consolidó en la Galia y en España la autoridad de la sede romana e hizo levantar oratorios en el baptisterio de Letrán y dos bibliotecas en San Lorenzo Extramuros. Murió en 468 y se le celebra el 29 de febrero, el día que solo vuelve un año de cada cuatro.
Papa con tiara y palio, un rollo conciliar en la mano; a veces una palma, en recuerdo de Éfeso.