Veinticinco mártires de la guerra cristera, fusilados por seguir ejerciendo su ministerio.
La Constitución mexicana de 1917, y luego la Ley Calles de 1926, retiraron al clero la personalidad jurídica, cerraron las escuelas religiosas y prohibieron el culto público. La aplicación brutal de esos textos provocó el levantamiento cristero. Veintidós sacerdotes y tres laicos, ejecutados entre 1915 y 1937 por seguir celebrando, quedaron establecidos al término de los procesos. Cristóbal Magallanes Jara, nacido en Totatiche en 1869, había abierto un seminario clandestino cuando cerraron el suyo; desaprobaba públicamente la revuelta armada. Detenido el 21 de mayo de 1927 cuando iba a decir misa, fue fusilado cuatro días después en Colotlán, sin juicio, tras dar sus bienes a sus verdugos y declarar que los perdonaba. Juan Pablo II los canonizó en 2000.
Sacerdotes en sotana, con palmas en la mano, ante un pelotón o un muro; uno sostiene un rosario y un sombrero mexicano a sus pies.