Dos zapateros martirizados en Soissons, cuyo oficio sostuvo su fiesta durante quince siglos.
La tradición los hace hermanos, venidos de Roma a evangelizar la Galia hacia 285 e instalados en Soissons, donde hacían calzado de día y predicaban al atardecer, sin pedir nada a nadie. Denunciados bajo Maximiano, fueron torturados y decapitados. Nada de esto consta antes del siglo VI, y los historiadores tienen su pasión por tardía; lo cierto es la amplitud de su culto. Los gremios de zapateros y curtidores los tomaron por patronos en toda Europa, llevaron su estandarte e hicieron fiesta el 25 de octubre: «San Crispín» designaba tanto el día como el estuche de herramientas del remendón. Shakespeare hace de esa jornada la de Azincourt, en el discurso de Enrique V.
Dos jóvenes lado a lado, lezna y horma en la mano, a veces un zapato; palmas del martirio.