Cuarenta y ocho cristianos de Lyon ejecutados en 177, entre ellos una esclava a la que el circo no logró matar.
En 177, bajo Marco Aurelio, la comunidad cristiana de Lyon fue entregada a la multitud y luego a las fieras. Una carta dirigida a las iglesias de Asia, que el historiador Eusebio copió, lo relata: es el texto cristiano más antiguo llegado de la Galia, y nombra a sus muertos. Potino, primer obispo de la ciudad, de más de noventa años, murió en prisión tras ser arrastrado ante el tribunal. Blandina, una esclava que sus compañeros creían demasiado débil para resistir, agotó a sus verdugos: colgada de un poste, expuesta a fieras que no la tocaron, devuelta cada día al anfiteatro hasta el último, fue al fin envuelta en una red y arrojada a un toro. La carta insiste en esa inversión: la última de todos resultó la más firme.
Blandina joven, atada a un poste en cruz, un toro o leones a sus pies; Potino como anciano obispo, apoyado en quienes lo sostienen.