Inventó el monasterio: antes de él se iba al desierto en soledad; después de él, en común.
Nacido hacia 292 en el Alto Egipto de padres paganos, fue reclutado a la fuerza en el ejército romano hacia los veinte años. Preso en Tebas con sus compañeros, vio a los cristianos de la ciudad venir a alimentar a los prisioneros sin esperar nada: fue ese gesto, y no una predicación, lo que decidió su vida. Liberado, se hizo bautizar y se puso bajo la guía del ermitaño Palamón. Hacia 320, en Tabennisi, reunió discípulos bajo un mismo techo, una misma regla y un mismo trabajo: el primer monasterio en el sentido que la palabra tiene desde entonces. Su regla nutriría las de Basilio y Benito; Jerónimo la traduciría al latín, y por él la conoció Occidente. A su muerte, en 348, por una epidemia de la que se negó a huir, nueve monasterios de hombres y dos de mujeres seguían su regla.
Monje copto con cogulla y bastón; a veces un ángel entregándole una tablilla con la regla escrita.