Obispo de Rávena apodado «el de la palabra de oro», que predicaba breve cuando todos predicaban largo.
Nacido hacia 380 en Imola, en Emilia, allí fue ordenado diácono y hacia 433 llegó a ser obispo de Rávena, entonces capital del Imperio de Occidente y sede de la corte de Gala Placidia, cuyo apoyo obtuvo. Su sobrenombre le viene de sus sermones: se conservan ciento setenta y seis, reunidos en el siglo VIII por el arzobispo Félix, casi todos brevísimos, y él mismo lo explica: prefiere detenerse antes de que la atención decaiga a perderla por el camino. Esa concisión, rara en una época en que la elocuencia sagrada se medía por horas, es lo que hizo copiar sus textos durante trece siglos. Comenta la Escritura sin erudición ostentosa, se dirige a artesanos y soldados, y defiende la encarnación frente a las corrientes que la diluyen: a él escribió Eutiques buscando apoyo, y él respondió que el asunto correspondía a la sede de Roma. Murió en Imola hacia 450. Benedicto XIII lo proclamó doctor de la Iglesia en 1729.
Obispo altomedieval con casulla y palio, un libro o un rollo en la mano; a menudo de busto, al modo de los obispos de Rávena.