Primer obispo de Quimper y uno de los siete santos fundadores de Bretaña.
La historia retiene poco de él y su cronología sigue discutida: las fuentes lo sitúan entre los siglos V y VII sin que ninguna lo dirima. La tradición bretona lo hace ermitaño al pie del Menez-Hom, viviendo de un único pez que cada día se dejaba tomar un trozo y luego recobraba su forma en la fuente donde él lo devolvía. El rey Gradlon, cazando por allí, lo habría descubierto y le habría dado tierras para un monasterio antes de hacerlo obispo de la ciudad que sería Quimper. Se cuenta entre los siete santos fundadores de las sedes bretonas, cuyas tumbas enlaza el Tro Breizh, peregrinación atestiguada desde la Edad Media, en un circuito de seiscientos kilómetros. La catedral de Quimper lleva su nombre, y su fiesta del 12 de diciembre sigue inscrita en el calendario de las diócesis bretonas.
Representado como obispo con un pez entero o un báculo; la imaginería bretona lo sitúa junto a su fuente, con el pez milagroso en el agua a sus pies.