Ermitaño agustino que pasó treinta años en la misma ciudad, velaba las noches rezando por los muertos y repartía panecillos bendecidos.
Nacido hacia 1245 en Sant'Angelo in Pontano, en las Marcas, de una pareja mucho tiempo sin hijos que lo habría obtenido, se dice, por una peregrinación a Bari, entró entre los ermitaños de San Agustín hacia los dieciocho años. Ordenado sacerdote, fue enviado en 1275 a Tolentino, ciudad desgarrada por las luchas entre güelfos y gibelinos, y ya no se movió de allí en treinta años. Su vida cabe en una rutina sin brillo: predicar cada día por las calles, visitar a enfermos y presos, confesar durante horas, reconciliar familias enemistadas. Las encuestas de canonización, notablemente detalladas, recogieron trescientos setenta y un testimonios que dan una imagen precisa de una ciudad medieval. Se le atribuye la costumbre de los panecillos bendecidos repartidos a los enfermos, aún practicada entre los agustinos. Su devoción por las almas del purgatorio, que decía ver en sueños, lo hizo su patrono. Murió en 1305. Canonizado en 1446, se le celebra el 10 de septiembre.
Representado con el hábito negro agustino, una estrella en el pecho, con un lirio y una fuente de panecillos.