Monje irlandés en exilio voluntario, sembró monasterios de la Galia a Italia y plantó cara a los reyes.
Nacido en Irlanda hacia 540 y formado en el monasterio de Bangor, dejó su isla hacia 590 con doce compañeros por lo que los irlandeses llamaban peregrinación por Cristo: un exilio sin retorno, elegido como ascesis. En la Galia fundó los monasterios de Annegray, Luxeuil y Fontaine, donde su regla, más dura que la de Benito, atrajo a centenares de monjes. Su libertad de palabra le costó cara: reprochó a Brunegilda y a su nieto Teodorico II su conducta, se negó a bendecir a sus hijos ilegítimos y fue expulsado del reino. Atravesó Neustria, remontó el Rin, predicó entre los alamanes en torno al lago de Constanza —su discípulo Galo se quedó allí y dio su nombre a San Galo—, luego cruzó los Alpes y fundó Bobbio, en Emilia, donde murió en 615. Sus fundaciones, su regla y su práctica de la confesión repetida marcaron duraderamente el monacato continental. Se le celebra el 23 de noviembre.
Representado con hábito monástico y un oso a sus pies, alusión a los relatos en que amansa a las fieras de los bosques vosgos.