Único emperador germánico canonizado, fundó un obispado en sus propias tierras y gobernó apoyándose en la Iglesia.
Nacido en 973, duque de Baviera, fue elegido rey de Germania en 1002 y coronado emperador en Roma en 1014. Su reinado descansaba en una idea sencilla y eficaz: hacer de la Iglesia un instrumento de gobierno. Nombraba obispos, los dotaba de tierras y derechos regalianos y esperaba de ellos que administrasen el imperio, un sistema que sus sucesores llevarían hasta la crisis de las Investiduras. En 1007 fundó el obispado de Bamberg en su dominio propio y lo colmó de donaciones; su catedral guarda su sepulcro y el de su esposa Cunegunda. Apoyó la reforma monástica de Cluny y Gorze sin dejar de tener firmemente las abadías. Sus campañas en Italia y contra Polonia ocuparon lo esencial de su reinado. Muerto sin hijos en 1024, fue canonizado en 1146: el único emperador del Sacro Imperio que lo ha sido. Se le celebra el 13 de julio.
Representado coronado, con el orbe imperial y una maqueta de la catedral de Bamberg, a menudo junto a santa Cunegunda.