Heredó un concilio comenzado por otro, lo llevó a su término y cargó solo con sus consecuencias.
Giovanni Battista Montini nació en 1897 cerca de Brescia, hijo de un abogado y diputado católico. Treinta años en la Secretaría de Estado romana hicieron de él un hombre de curia; arzobispo de Milán en 1954, se dio a conocer en los barrios obreros. Elegido papa en 1963, optó por proseguir el concilio abierto por Juan XXIII y lo condujo a su clausura en 1965. La aplicación le correspondió: reforma de la liturgia, creación del sínodo de los obispos, apertura a las demás confesiones y los primeros viajes de un papa fuera de Italia en siglos, a Tierra Santa, la India, las Naciones Unidas, Uganda. Su encíclica Populorum progressio hizo del desarrollo de los pueblos una cuestión de justicia. Humanae vitae, en 1968, mantuvo la prohibición de la contracepción y provocó una contestación que nunca se apagó; no escribió otra encíclica en sus diez últimos años. Murió en agosto de 1978. Canonizado en 2018, se le celebra el 29 de mayo.
Representado delgado y grave, con sotana blanca, a veces con la tiara que fue el último papa en recibir y que vendió en favor de los pobres.